viernes, 20 de febrero de 2015

Abuela


En cada visita, ella siempre tenía algo en su bolso para nosotros. Un tesoro bien guardado, en general envuelto en una bolsa de nylon, que en el momento menos esperado era develado.

Ella ama los perros y creo que de ahí viene mi devoción por ellos. Cuando mis padres no me dejaban tener uno, me prestaba a su dulce Julieta, una pekinés blanca y negra, para estrujarla contra mi pecho.

Ella siempre estaba parada un poco detrás de mi abuelo, retándolo, callándolo. Su papel de caramelo, su caramelo.

Ella con su caminar suave y sus hombros un poco encorvados. Su cabellera de virulana color miel. Su obsesión por hacerse la permanente.  

Sé que ya no podés hablar, que tal vez nunca vuelva a escucharte, pero en mis recuerdos resuena tu voz de silbido azucarado.

¿Cómo hago para guardar en mi frágil memoria el sabor de tus caricias con forma de golosina y buñuelos de espinaca?

Explicame cómo hago para sacarte de esa cama, volver a tu huerta y confesarte que era yo la que te robaba esos pequeños bombones rojos con semillas amarillas de la planta.

Dale abuela, ya es hora, abrí la cartera y danos el tesoro.


(A Elsa)



6 comentarios:

Paqueta dijo... at 20 de febrero de 2015, 21:35

La cartera de tu abuela está abierta de par en par, y uno de sus grandes tesoros ha escrito esto.

Agustina Grasso dijo... at 21 de febrero de 2015, 7:19

Qué hermoso comentario. Me hiciste emocionar mucho. Gracias!!!

Ame López dijo... at 17 de abril de 2015, 21:26

Y vos me hiciste llorar. Un abrazo de tu vieja alumna.

Agustina Grasso dijo... at 7 de junio de 2015, 21:09

Gracias Ame, siempre, por tus fieles lecturas

Manuel Pagnini dijo... at 15 de julio de 2015, 4:48

Lo leímos con mi mujer. Todavía estamos lagrimeando. Nos tocó el alma.

Agustina Grasso dijo... at 16 de julio de 2015, 8:00

Gracias Manuel por tan bellas palabras.

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