miércoles, 12 de junio de 2013

El viaje de la sardina


 “A” empieza a escribir una mujer en el teclado de su celular. “KA ESTAMOS” sigue.

“PARESEMOS SARDINA”

Y si. Parecemos sardina, atún enlatado, caballa.

Señor, le está sonando el celular. Le digo a un hombre sobre el que tengo medio cuerpo apoyado. (Como no hay espacio, las distancias acordadas eticamente por el reglamento social no se cumplen en un viaje de tren de la ex línea Sarmiento, que une la zona oeste del conurbano con Ciudad de Buenos Aires. Allí no queda otra opción que tocar al desconocido. Reposar sobre su hombro, sentir su olor).

Es que mi cadera vibra y mi celular está en la cartera. Entonces no hay dudas de que es el telefonito del hombre el que suena. Gira medio cuerpo y con la mano derecha saca del bolsillo que da contra su nalga izquierda el aparato. Es el de ella, me dice. Y mira fijo a una mujer que está apoyada frente a él. Es su marido el que llama, me aclara entre risas. Calculo que me explica esto porque a esta altura tal vez yo ya sea de su confianza; nuestros cuerpos se vienen rozando hace ya más de media hora. Yo me río ante su respuesta. Se nota que entre ellos pasa algo. No sé bien qué, pero huele a trampa. Llegando a Liniers, una estación importante de recambio de pasajeros, el vagón se detiene. Varias personas entran, más de las que uno pueda imaginarse. Entonces, nos apretamos aún más. (El tren es forzosamente generoso).

La mujer continúa hablando y se ríe. El hombre del tren, “su” hombre del tren trata de acotar algo a la conversación. Ella con una risa socarrona le hace gesto de que se calle. El no le hace caso y le pregunta en silencio quién es. Mi hermana, le dice ella sonriendo sin decirle.

Alrededor lo demás no es gracioso, hay empujones, insultos. Anunciaron por los altoparlantes, dos segundos antes de cerrar las puertas,que el tren se transformó en un “rápido”. Esto quiere decir que el ferrocarril va a saltear las próximas tres estaciones que le siguen para ir directamente a Morón. La gente en voz alta le pregunta al resto de los pasajeros por qué no avisaron antes. Pero nadie tiene la respuesta. Indignación colectiva; (aunque todos saben internamente que viajar en tren es tomar estos riesgos).  Por suerte prendieron el aire, le dice el hombre trampa a su mujer ferroviaria. Ella a esta altura ya se había quedado sin señal, por lo cual ya no hablaba por celular. No los llego a ver por mi corta altura, pero escucho un sonido pegajoso. Entonces me río por dentro. No me río del tren pintado a nuevo por fuera, pero que por dentro se cae a pedazos. No me río de las personas que no tienen opción y deben viajar en este destartalo. No me río de las víctimas que se cobró este vehículo hace un año (y de las que se cobrará mañana) por quedarse sin frenos. Me río porque el mundo ahí adentro se derrumba, pero a ellos no le importa: se matan, se matan a besos desenfrenados.

4 comentarios:

Prof. Sebastian Tomás Patitucci dijo... at 21 de octubre de 2013, 10:08

está buenisimo. Seguí escribiendo y publicalos en un libro o en contratapa de un diario. Te acordás como antes hacía Página 12, que lo hacía con una noticia de esos días

Estrella Cavalieri dijo... at 22 de octubre de 2013, 6:03

que sos lo mas no es novedad, tu sensibilidad abruma, te amo y te admiro. estoy ansiosa de ver tus relatos con tapas duras en la marquesina de una libreria cualquiera.........dale linda animate....tu antigua correctora espera ansiosa los bosquejos..........má

Maria Pastor dijo... at 22 de octubre de 2013, 7:55

Qué lindo relato Agus!! tan vívido, tan real, tan transportante... sentí algo de nostalgia mezclada con alivio. Beso enorme, y apoyo la moción!!!!!!!!!!!

Agustina Grasso dijo... at 1 de diciembre de 2013, 14:51

Gracias, gracias, gracias!!! Cada vez estamos más cerca de que ese deseo -que comenzó como sueño, chiste, anhelo- sea real. Gracias por el apoyo!!!

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